Siempre me ha rodeado el arte. De niña acompañaba a mi madre Marga Gonzalez al taller de Humberto García del Villar, en Asturias. Recuerdo el olor a trementina, el silencio lleno de concentración, los papeles y lienzos apilados, y la paciencia con la que Humberto nos enseñaba a ver, a observar, a sentir. Allí conocí a muchos artistas que luego se volvieron parte de mi vida y de mi colección: Marta Cuevas, Charo Garpe, Marina Ladero, Trinidad Formoso, Ángeles Palomeque, Elena Castellanos compañeras de taller, y Herminio Álvarez, otro gran escultor asturiano, que compartían esa misma pasión por la obra y la disciplina. Tener piezas de ellos en casa es como conservar un pedazo de esa comunidad artística y un vínculo con la memoria de aquellos talleres, donde se respiraba creatividad y dedicación.
En casa tenemos una obra de Humberto de la serie Génesis
y otra de más reciente incorporación. Su trabajo es único, difícil de encasillar: ni completamente figurativo ni totalmente abstracto, siempre lleno de sensibilidad, fuerza y memoria.
Herminio aporta modernidad y concepto a la colección; sus esculturas juegan con el equilibrio y el movimiento, y aunque sus formas parecen simples, esconden un rigor y una profundidad que me fascinan.
Esta es una escultura de su primera exposicion en la Sala BenedetY este libro con grabado la ultima adquisición.
Ángeles Palomeque, con su delicadeza sobre papel, sus transparencias y colores, llena la colección de poesía silenciosa y contemplativa.
y Marta Cuevas, con Apología del círculo y otra obra más, que mezcla geometría y abstracción con equilibrio y armonía. Estas obras aportan calma, contemplación y ritmo visual, y dialogan de manera hermosa con las piezas más lúdicas y coloristas de la colección.
Descubrí a Fidia Falaschetti hace unos años, y me atrapó de inmediato. Su obra multidisciplinar —escultura, instalaciones, humor y crítica social— transforma iconos populares en piezas conceptuales llenas de fuerza. Tener algo suyo aporta modernidad y vitalidad, un contrapunto dinámico frente a las obras más introspectivas.No puedo dejar de mencionar a José María Yturralde. Durante años me hacía fotos con su obra en ARCO, y tener ahora una serigrafía Figura imposible (1971) en casa es un recuerdo vivo de esos años. Su geometría, color y percepción óptica siempre me inspiran y me recuerdan que el arte puede ser riguroso y emocional a la vez.
En JustMad conocí a Little, cuyas obras Mi persona favorita, Tirita Ice Cream y Taza Palmeras llenan de humor y color la colección.
Fernando Atencia también lo conoci en una Feria en Madrid y tengo un Mikey fucsia, reinterpretando iconos populares con color y vitalidadAndrés Herrero artista que tambien paso por el taller de Humberto, con Chupa Chup, preside mi salón aportando ligereza y juego.
En la reciente Feria Polarte Siero que os mostré en un anterior post adquirí una pieza de Poch, arte urbano, que promete sumar fuerza y modernidad al conjunto.
Cada obra tiene su historia, su emoción y su razón de estar en la colección. No se trata de inversión ni de prestigio; se trata de amor al arte, de la emoción que me provoca cada pieza y del diálogo que se crea entre ellas. Esta colección es un mosaico de memoria, emoción, tradición, modernidad y alegría, y cada incorporación la hace un poco más viva, un poco más completa.¿Os gusta el arte? ¿Vosotros también coleccionáis o invertiríais en alguna de estas obras?
Hasta el próximo post, con más descubrimientos y nuevas piezas que añadirán emoción a este pequeño universo personal.


















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