Brujas Día 3: excursión de Brujas a Gante en tren

El tercer día del viaje lo dedicamos a visitar Gante, una ciudad que teníamos muchas ganas de conocer y que terminó siendo una de las grandes sorpresas del viaje.

Salimos desde Brujas en tren sobre las 9:30 de la mañana. Una de las cosas más cómodas de esta escapada es precisamente lo fácil que resulta moverse entre ciudades en Bélgica. Los trayectos son cortos, las conexiones frecuentes y no hace falta organizar nada con demasiada antelación.

El viaje hasta Gante dura aproximadamente media hora, así que en muy poco tiempo pasas del ambiente más tranquilo y turístico de Brujas a una ciudad con un ritmo completamente diferente.

Nada más llegar hicimos una visita guiada para tener una primera toma de contacto con la ciudad. Gante tiene un ambiente mucho más vivo y urbano que Brujas, pero sin perder ese aire histórico tan característico de Flandes. Durante el recorrido fuimos pasando por sus calles principales, los canales y algunas de las zonas más conocidas del centro histórico.
Una de las primeras diferencias que notamos fue precisamente el ambiente. Mientras que Brujas parece casi detenida en el tiempo, Gante se siente más dinámica, más local y menos enfocada exclusivamente al turismo. Hay estudiantes, terrazas llenas, bicicletas por todas partes y una sensación de ciudad más auténtica y cotidiana.

Durante la visita recorrimos la zona de los canales, probablemente una de las imágenes más conocidas de Gante. Las fachadas reflejadas en el agua, los edificios gremiales y los puentes le dan un aspecto muy diferente al de Brujas, menos perfecto quizás, pero con mucha personalidad.

También vimos el imponente Castillo de los Condes de Flandes, que aparece casi de repente en mitad de la ciudad y contrasta bastante con el resto del entorno urbano. Es uno de los puntos más llamativos de Gante y ayuda a entender la importancia histórica que tuvo la ciudad durante siglos.

Después de la visita guiada seguimos recorriendo la ciudad por nuestra cuenta. Uno de los lugares que más nos llamó la atención fue la calle de los grafitis, un rincón completamente diferente a la imagen más clásica de Gante. Las paredes están cubiertas de murales, dibujos y mensajes que cambian continuamente, convirtiendo la calle en una galería de arte urbano al aire libre. Es una visita rápida, pero aporta una visión distinta de la ciudad y demuestra que Gante no vive únicamente de su patrimonio medieval.

También aprovechamos para tomar una cerveza en uno de los locales más conocidos de la ciudad, el famoso pub donde, como curiosidad, si pides una determinada cerveza te guardan un zapato como garantía del vaso. La historia nos la habían contado durante la visita y teníamos curiosidad por verlo. El local estaba bastante animado y es uno de esos sitios que mezclan tradición cervecera y anécdotas para turistas de una forma divertida.


Después buscamos un sitio para comer y continuamos recorriendo el centro histórico con calma antes de regresar a la estación.



A media tarde volvimos a la estación y cogimos el tren de regreso a Brujas sobre las 17:00h.

Ya de vuelta en Brujas dimos un último paseo por el centro, aprovechando para comprar chocolates y disfrutar una vez más del ambiente mucho más tranquilo de la ciudad al caer la tarde.

Para cenar elegimos un restaurante cerca del hotel, buscando algo cómodo para nuestra última noche en Brujas, aunque sinceramente fue la peor experiencia gastronómica del viaje.

Entramos sobre las 21:45h y desde el principio daba la sensación de que no tenían demasiadas ganas de atendernos, a pesar de que supuestamente cerraban a las 23:00h. De hecho, mientras todavía estábamos cenando, el camarero ya estaba fregando el suelo y pasando la fregona prácticamente al lado de nuestra mesa, creando una situación bastante incómoda y dando la sensación constante de que querían que termináramos cuanto antes.

Al final solo pedimos unos moules para cenar rápido y no alargar demasiado la situación. Después de la buena experiencia que habíamos tenido en otros restaurantes de Brujas, este fue probablemente el único momento realmente decepcionante del viaje.

Aun así, terminamos el día dando un pequeño paseo junto al canal antes de volver al hotel y preparar la última jornada de la escapada, que dedicaríamos a Bruselas antes del vuelo de vuelta.

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