La Casa Rosa de Oviedo acoge Espacio del Anonimato, una exposición de Marga González y la performance Devenir anónimo de Elia Fernández, una reflexión sobre identidad, tránsito y anonimato en el espacio urbano.
La exposición invita a detener la mirada sobre esos escenarios aparentemente insignificantes para descubrir las huellas, los recorridos y las presencias anónimas que los habitan. A través del diálogo entre la obra plástica y la acción performativa, la muestra propone una reflexión sobre el tránsito, la identidad y la relación que establecemos con los espacios que compartimos.
La Casa Rosa se transforma durante estas semanas en uno de esos lugares de tránsito. Un espacio temporal donde las trayectorias individuales convergen y donde la experiencia artística invita a mirar de otra manera aquello que normalmente pasa desapercibido.
La obra de Marga González lleva décadas investigando precisamente esos territorios urbanos donde el individuo oscila entre la presencia y el anonimato. A través de la pintura, el collage, el monotipo y la incorporación de elementos tridimensionales, la artista construye un universo visual poblado por peatones, sombras y figuras en movimiento que recorren pasos de peatones y escenarios urbanos convertidos en metáforas de la experiencia contemporánea.Series como Passando, iniciada en los años noventa, Cartografías de paso, Flujos urbanos, En tránsito o Transeúntes muestran una investigación constante sobre el acto de caminar, cruzar y habitar espacios compartidos. Sus personajes aparecen suspendidos entre la multitud y la individualidad, transitando por lugares donde nadie parece pertenecer y donde, sin embargo, todos dejan una huella.
Serie Passando dedicado a la figura del artista Joan Hernández Pijuan que fue profesor suyo.
La primera obra de Passando en realidad es un boceto
La reflexión sobre el anonimato se amplía a través de una intervención especialmente significativa creada por Marga González para esta ocasión: cien máscaras diferentes realizadas a partir de imágenes, fragmentos y elementos visuales procedentes de su propia obra. Suspendidas a lo largo de la escalera de La Casa Rosa, las máscaras acompañan al visitante durante su recorrido y generan una poderosa imagen colectiva. Todas comparten una misma función, ocultar el rostro, pero ninguna es igual a otra.
La instalación plantea una paradoja tan sencilla como reveladora: bajo la apariencia del anonimato persiste siempre la singularidad. Cada máscara encierra una identidad visual propia, recordándonos que incluso cuando formamos parte de una multitud seguimos siendo irrepetibles.
Es precisamente en ese territorio donde surge Devenir anónimo, la performance creada e interpretada por Elia Fernández. Concebida en diálogo directo con las obras de Marga González, la acción utiliza el cuerpo como herramienta para explorar los límites entre presencia y desaparición, entre reconocimiento y anonimato.
Durante la inauguración, el movimiento y la interacción con Lalo activaron el espacio expositivo, estableciendo una conversación entre el cuerpo vivo y el cuerpo representado. Pero la performance no se limitó a la observación. Algunas de las máscaras creadas para la instalación fueron repartidas entre los asistentes, incorporando al público dentro de la propia obra.
La distribución de las máscaras estuvo determinada por el azar. Nadie elegía cuál recibiría. La casualidad decidía el encuentro entre cada persona y su máscara, convirtiendo ese gesto en una metáfora de los cruces inesperados que marcan nuestras vidas. Igual que ocurre en la ciudad, donde compartimos trayectos con desconocidos y donde una coincidencia puede alterar una historia, la performance introducía la fortuna y la contingencia como elementos fundamentales de la experiencia.
Durante unos instantes, espectadores y participantes compartieron una identidad suspendida. El rostro desaparecía tras la máscara, pero surgía una nueva forma de presencia colectiva basada en la experiencia común.Más que una exposición convencional, Espacio del Anonimato propone un recorrido por aquello que sucede entre un punto y otro, entre una persona y otra, entre la presencia y la ausencia. Un espacio donde la pintura, la instalación y la performance dialogan para recordarnos que incluso en los lugares más cotidianos existe una poética de lo efímero.
Una invitación a detenerse, observar y descubrir la belleza de esos encuentros que, como el arte, aparecen muchas veces por casualidad.
















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Me encanto lo recomiendo a todos
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