Después de Nueva York, Londres, París y Los Ángeles, Vogue World llegó por primera vez a Milán con una propuesta dividida en cinco actos e inspirada en diferentes momentos de la historia de Italia.
Y, como bailarina, lo que más me interesó fue precisamente la presencia de la danza.
Los diseños de los bailarines fueron creados especialmente para la ocasión por Rocco Iannone, director creativo de Ferrari. En el caso de Bolle, el negro fue el protagonista, con prendas pensadas para acompañar el movimiento y no limitarlo.
En la danza el vestuario es mucho más importante de lo que puede parecer. Una prenda puede cambiar una línea, un movimiento o incluso la forma en la que vemos al bailarín. Cuando funciona bien, casi deja de notarse.
Pero este Vogue World tuvo también un elemento que llamó mucho la atención: los robots.
Durante el acto dedicado a La Era de la Inteligencia, varios robots humanoides de Unitree salieron a escena y desfilaron junto a modelos y participantes del espectáculo. El contraste era bastante curioso: por un lado, la tecnología y las máquinas; por otro, bailarines como Bolle y los artistas de La Scala, demostrando todo lo que puede hacer el cuerpo humano.
Y precisamente esa mezcla me parece una de las partes más interesantes de esta edición. Vogue World no solo utilizó la tecnología como espectáculo, sino que puso frente a frente dos formas muy diferentes de entender el movimiento.
La danza también apareció en otro momento de la noche, durante el acto dedicado a la Revolución Industrial. Alrededor de 60 bailarines participaron en una coreografía de Charm La'Donna, con dirección de movimiento de Stephen Galloway, vestidos por Diesel con diseños de Glenn Martens. Entre ellos estuvo Giulia Stabile.
Diesel llevó al escenario algunos de sus códigos más reconocibles, como el denim y la ropa de trabajo. Además, era una participación especialmente significativa porque coincidía con el último desfile de Glenn Martens para la firma después de seis años como director creativo.
Me gusta cuando la moda y la danza se encuentran de una manera natural, sin que ninguna de las dos tenga que dejar de ser lo que es. Y esta vez, en plena Galleria Vittorio Emanuele II, el ballet tuvo por un momento Milán como escenario.
Una manera muy especial de comenzar la Fashion Week.
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