Como cada 29 de abril, hoy se celebra el Día Internacional de la Danza, una fecha impulsada en 1982 por el Comité Internacional de Danza del Instituto Internacional del Teatro coincidiendo con el nacimiento de Jean-Georges Noverre, considerado el creador del ballet moderno. Desde entonces, este día sirve para poner en valor la danza como disciplina artística y como una forma de expresión universal.
Os dejo el mensaje completo:
Mensaje del Día Internacional de la Danza 2026
Crystal Pite Coreografa (Canadá)
"Los seres humanos se mueven: nuestros brazos se extienden, nuestras rodillas se flexionan, nuestras cabezas asienten, el pecho se repliega, la espalda se arquea; saltamos, encogemos los hombros, apretamos los puños, nos levantamos unos a otros y también nos apartamos. Todo esto es lenguaje, tanto como acción. Es lo que el cuerpo tiene que decir sobre la necesidad, la derrota, el coraje, la desesperación, el deseo, la alegría, la ambivalencia, la frustración, el amor. Estas imágenes irrumpen en la mente cargadas de sentido porque las hemos sentido con una pureza radical en el cuerpo; hemos sido conmovidos.
Somos bailarines todos nosotros. La vida nos mueve, la vida nos danza. Tan efímera como el aliento, tan concreta como el hueso, la danza está hecha de nosotros. Esculpimos el espacio. Escribimos con el cuerpo en un lenguaje sin palabras que, sin embargo, comprendemos profundamente. Al danzar, habitamos con gracia el espacio interior y el que nos rodea. Como la vida, la danza se crea y se destruye a cada instante. Como el amor, está más allá de la razón.
Me gusta pensar el cuerpo como un lugar; un territorio donde el ser se sostiene y toma forma. Cuando bailamos, estamos profundamente implicados en ese estar.
Escribo esto a comienzos de 2026, en un tiempo en el que la opresión, la convulsión y el sufrimiento parecen no tener fin en nuestro mundo. Cada día, al contemplar el horror de lo que los seres humanos somos capaces de hacernos unos a otros y la maquinaria de poder que financia y alimenta una violencia indecible contra las personas y el planeta, la danza puede parecer una respuesta fácil, incluso inútil. Cuesta imaginar qué puede hacer un artista de la danza en un mundo que necesita con urgencia una transformación radical y sanación.
Y, sin embargo, el arte, como la esperanza, es una forma de amor. Generativo incluso en la desolación, el arte disuelve la mente que se endurece y actúa como un bálsamo que la repara. Es un espacio donde sostenernos mientras nos enfrentamos a las preguntas —juntos— de un modo distinto al de las noticias, distinto al del documental o la educación, distinto al de la opinión y las redes sociales, distinto al del activismo y la protesta, aunque no incompatible con ellos.
A través de la creatividad, vamos acumulando resistencia y esperanza mediante pequeños actos de valentía, curiosidad, cuidado y colaboración. En la danza, y en el acto de crearla, encontramos la prueba de que la humanidad es algo más que su último fracaso colectivo.
Pero la danza no necesita justificación ni explicación. Está hecha de nosotros y, sin embargo, no nos debe nada. Solo necesita un cuerpo dispuesto a habitarla. Desde ese lugar, puede traducir lo inefable, actuando como mediadora entre nosotros y lo desconocido.
Nos conmueven esas huellas fugaces de belleza en el instante presente. Y al encarnar tanto la danza como su desaparición, recordamos nuestra propia impermanencia.
Al mismo tiempo, si estamos atentos, la danza puede ofrecernos, de vez en cuando, un destello del alma".
Hay una frase del discurso que me ha gustado especialmente: esa idea de que la danza “solo necesita un cuerpo dispuesto a habitarla”.
Volviendo a disfrutar más las clases.
Volviendo a sentirme cómoda en el escenario.
Volviendo a permitirme bailar desde sitios menos rígidos y menos obsesionados con hacerlo todo perfecto.
A veces una pasa temporadas en las que la danza se convierte solo en disciplina, en exigencia o en rutina, y se olvida de la parte que de verdad la hace especial.
Por eso me hace ilusión notar que en estos meses han ido apareciendo otra vez pequeños momentos de conexión: una clase especialmente buena, una sensación de libertad distinta en escena, el hecho de empezar a compartir también lo aprendido desde otro lugar y comprobar que todavía me sigue apeteciendo crecer dentro de esto.
No sé si llamarlo reconciliación, reencuentro o simplemente una etapa más tranquila, pero sí siento que estoy volviendo a disfrutarla de una manera diferente.
Menos desde la presión.
Más desde las ganas.
Y me parece bonito que este Día Internacional de la Danza me pille justamente ahí.
Así que hoy celebro eso: seguir bailando, seguir aprendiendo y seguir encontrando dentro de la danza espacios nuevos incluso después de tantos años.
Feliz Día Internacional de la Danza ♡mirar mi video en instagram AQUI
Hasta el próximo post.




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